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Cinco Héroes Cubanos
Qué sabes sobre estos valientes hombres?

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Entradas por tag: alegría
10 de Enero, 2015 · Cinco Prisioneros en USA

Por Patricio Montesinos



Muy pocas personas, incluidos los propios Cinco cubanos antiterroristas que fueron encarcelados injustamente durante largos años en Estados Unidos, podrían imaginarse cuántas emociones emanarían en ellos, en su pueblo, y en todos los amigos de la mayor de las Antillas que unidos batallaron por su definitiva liberación.


Para Gerardo Hernández, Ramón Labaniño, Antonio Guerrero, Fernando González y René González, de seguro fue un sueño regresar a su Patria, reencontrarse entre ellos, con sus familiares y amistades cercanas, y especialmente ser recibidos por sus compatriotas como merecen esos Héroes de la Paz: con honor, respeto, cariño, alegría entre lágrimas, y el calor humano que siempre brindan los cubanos a cualquier persona luchadora por las causas justas de los más desposeídos.

Los Cinco, como se conocieron internacionalmente, reciben hoy el reconocimiento de millones de personas, porque la vida y la historia siempre premian con amor a los dignos, y a quienes los defienden, por sus convicciones y principios.

Cuba vive desde el 17 de diciembre pasado, luego de ser excarcelados Gerardo, Ramón y Antonio, días de inmenso regocijo y unidad, expandidos por Latinoamérica y todas las regiones del planeta tierra, y que pasarán al vasto historial de su Revolución, nacida en 1959, entre los más recordados.

¡Volvieron! es la palabra más reiterada entre los cubanos, en las redes sociales y en medios de prensa, tras cumplirse la promesa que el Verdadero Amigo Fidel Castro hizo en público en 2001, cuando expresó entonces: los luchadores antiterroristas ¡Volverán!

Y cierto, ya están en la tierra que los hizo hombres meritorios, con un premio especial para Gerardo, el nacimiento este 6 de enero de su primera hija, nombrada Gema, fruto de su inmenso amor con Adriana Pérez, que resistió todos los embates, y que venció por la resistencia, como triunfaron las ideas de los Cinco con el respaldo incansable de sus esposas, familiares más allegados, además del de los cubanos, y hombres y mujeres anónimos solidarios con su causa.

El ejemplo de esos Héroes de la Paz jamás podrá ser borrado por nada ni por nadie, porque resplandece el de otros tantos grandes que ya no están entre nosotros, como el Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara, el Gigante Comandante venezolano Hugo Chávez, y el Indomable luchador antiapartheid, Nelson Mandela, quienes encandilaron con su coraje y firmeza a sus adversarios.

Los Cinco constituyen el más reciente referente para las nuevas generaciones de cubanos, latinoamericanos, caribeños y de otras latitudes, de que para lograr que nuestros pueblos sean verdaderamente libres, independientes y soberanos, hay que ser sobre todas las cosas sus dignos representantes.

*
Periodista español, corresponsal de Cubadebate en Madrid

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

publicado por rcbaez a las 18:31 · Sin comentarios  ·  Recomendar
24 de Diciembre, 2014 · Cinco Prisioneros en USA

Por Yldefonso Finol, @IldefonsoFinol

 

 

Observar a los Cinco Héroes cubanos entre el público en un recital de Silvio Rodríguez, coreando como todos los presentes las canciones antológicas del primer trovador, me produjo esa emoción muy especial que sólo las querencias raigales producen.

El ejemplo de estos cinco hombres es digno de enseñarse por generaciones.

Pero es que el mismo Silvio es un icono de la dignidad cubana, plasmado con letras de oro en El Necio.

Esa pasión patria que Silvio y Los 5 comparten, la veo en los rostros anónimos de jóvenes trabajadores y estudiantes que cantan a garganta tendida un repertorio que evoca, provoca y convoca una vida con vocación de humanidad.

Es el pueblo cubano que conocí en 1982, con el que viví durante el bienio 1988-89, al que seguí unido por fuertes lazos solidarios desde mi adolescencia; pueblo al que admiro y amo profundamente.

Me asalta entonces la reflexión sobre ese mágico sentido de pertenencia que une a millones de seres humanos diversos en una unicidad cósmica: Patria.

Las causas sublimes suelen generar relaciones de hermandad que trascienden lo sanguíneo. Cuba es una cantera de esa fraternidad universal amasada con el maíz de las hazañas populares. Es la épica que da la fuerza moral a un colectivo, más allá de todas las limitaciones y obstáculos que se le atraviesen en su empeño.

No hay revolución sin épica, y no se llega a ella sin la ética, que es la estética de lo histórico.

El pueblo cubano, como muy pocos en el mundo, es dueño de un acervo político original y fecundo: Asalto al Moncada, Desembarco del Granma, Sierra Maestra, 1º de Enero, Bahía de Cochinos, Primera Revolución Socialista, Periodo Especial, seis décadas de resistencia antiimperialista vencedora de bloqueos, sabotajes, terrorismo, aislamiento.

Trinchera victoriosa que se ha fortificado en los sacrificios y el paradigma del esfuerzo, con dolorosas decisiones a que obligaron situaciones amenazantes de ese legado inmaculado.

Heroísmo, austeridad, verticalidad de principios, claridad política, son virtudes que el liderazgo pregona con su ejemplo, con la inmensurable talla moral de Fidel y El Che, custodiada hoy por Raúl y toda la honesta grey martiana.

Yo no celebro ningún gesto imperialista, por benévolo o rectificador que este parezca, ni me apresuro a adivinar desenlaces fácticos del devenir modélico; exalto sí, el potencial de una nación que comulga en sus convicciones de soberanía y utopía, es decir, que no renuncia a lo que tiene, ni a lo que sueña.

Cuba tiene unas ventajas realmente extraordinarias que le vienen de la luz de sus héroes y mártires de todos los tiempos; de los caídos, y de aquéllos como Silvio y Los 5, que no se venden ni se doblegan. 

 

Enviado por su autor por correo electrónico para Cubacoraje

*Economista. Presidente de la Comisión Nacional de Refugiados. Militante chavista. Poeta. Escritor. Ex constituyente.

FOTO Roberto Morejon

publicado por rcbaez a las 19:10 · Sin comentarios  ·  Recomendar
24 de Diciembre, 2014 · Cinco Prisioneros en USA

Por Rafael Cruz Ramos*

“ ...soy feliz, soy un hombre feliz y quiero que me perdonen
por este día, los muertos de mi felicidad... ”


 

Las personas comenzaron a gritar ¡Fidel!, ¡Fidel! y yo miré a todos lados buscándolo hasta que lo vi subir al escenario en cinco cuerpos, en cinco formas de heroísmo, y se plantó gigantesco en los zapatos de Ramón, se transformó en los hombros de René, en la cabeza enhiesta de Gerardo, en la lucidez callada de Fernando, en la euforia de Tony. Las personas seguían gritando porque también lo veían y Silvio le dio voz cuando cantó El Mayor, ese himno del amor y de la patria.

 Entonces, como un sortilegio mágico, ya no estaban en una noche de plaza rodeados de miles, sino en una isla cósmica, gigantesca, rodeados de millones y todos gritaban ¡Fidel!, ¡Fidel! Desde las galaxias y los horizontes las voces se volvieron nuevamente música. Ramón tomó el micrófono y nos dijo a todos Necios, esa palabra que desde los 90 tiene un nuevo significado; algo así como mentar las vergüenzas y los empujes.

 Los Cinco, los miles, los millones cantaron, juraron, exigieron a las palmas y a las mareas, a las puestas de sol y a los logaritmos del riesgo, que bajo todas las estrellas caídas o los volcanes desatados, nada ni nadie nos va a poner un dogal, un código de barras o una yunta.

 Que la muerte nos sorprenderá con la misma camisa de la vida, del juramento, del trueno y de la mínima flor.

 Y las personas gritaban ¡Fidel!, ¡Fidel! Los cantantes tenían barbas y los músicos rombos rojinegros en las gorras, los millones tenían las manos grandes, los ojos de pícaro rebelde, las voces que encantan y liberan. Ya nada podía impedir que llegara La Era parturienta: desde las tinieblas del hueco, desde las hogueras del rencor y La Era no solo fueron unos acordes de guitarra y percusión, sino un nacimiento de soles sin ataduras, una ALBA que viene desde las montañas, una redención andina, sierramaestrina, que nos envuelve a todos como a los pájaros y árboles voladores, para hacer nacer un corazón popular, en la nueva tierra.

 Allí estaba Fidel, sin los años y con los años, joven y longevo como un abuelo rejuvenecido que se sabe de memoria la Pequeña Serenata Diurna; porque él es el inspirador de un “país libre que solamente puede ser libre” y es, a la vez, la resurrección maravillosa de todos los muertos a los que le debemos esta noche de libertad, de alegría, de reencuentro.

 Esta noche destinada a cargar nuestros amores en hombros y gritar a todo pulmón con Silvio, con Los Cinco, con Fidel “soy feliz, soy un hombre feliz y quiero que me perdonen por este día, los muertos de mi felicidad”.

 

 

Dr. en Medicina Veterinaria; Máster en Economía Política; escritor premiado por la UNEAC. Cuenta con 47 escaladas al Pico Turquino.

Fuente: Turquinauta


publicado por rcbaez a las 04:35 · Sin comentarios  ·  Recomendar
15 de Febrero, 2013 · Cinco Prisioneros en USA

Por Marlene Caboverde Caballero*




I


Quiero ir con aquel a quien amo.
No quiero calcular lo que cuesta.
Bertolth Brech

La mujer de ojos azules estaba nerviosa. Miraba fijamente el cristalito alto en aquella puerta que no acababa de abrirse. Hacía frío. Había viajado por varios días para llegar hasta la penitenciaría de Oxford, en los Estados Unidos, pero por fin estaba allí.

De pronto, la puerta se abrió. Se abrazaron. Habían transcurrido casi cuatro años desde la última vez que se vieron en Cuba.

Este es solo un pasaje de una historia de amor entre un hombre y una mujer.
Ella es Rosa Aurora Freijanes Coca, él, Fernando González Llort. Llevan separados casi quince años porque Fernando está preso. Es culpable de los delitos de amar a su patria y combatir el terrorismo. Pero Fernando no está triste, tiene el cariño de su mujer, de su Rosa Aurora. Son dos y a la vez son muchos, porque son nuestros.

Su historia de amor comenzó en mil 990 cuando Rosa Aurora Freijanes estudiaba la carrera de Técnico Medio en Colaboración Económica. Martha, la hermana de Fernando era su amiga y le presentó a Fernando, que era Licenciado en Relaciones Económicas Internacionales y enseguida se ofreció para ayudarla con esas materias.

Así fue como se acercaron y al poco tiempo estaban viviendo juntos una hermosa historia de amor.

Poco tiempo después llegó la separación, inexplicable para ella. Fernando marchaba a los Estados Unidos para monitorear las actividades de organizaciones terroristas que habían causado daños humanos y materiales en Cuba en los primeros años de la década de los noventa.

En mil 998 Fernando es detenido en la Florida y condenado a 18 años de prisión. Como él y Rosa Aurora no estaban casados legalmente tardaron en reencontrase casi cuatro años. Para ese entonces, ella pasaba de los 40 años de edad y la posibilidad de tener hijos se perdió.

“Con el transcurso de estos años que hemos pasado en cárceles  norteamericanas la realidad nos obliga a asimilar circunstancias y aceptarlas como parte del necesario sacrificio. Guiados por nuestra absoluta convicción de que nos acompaña la verdad, aceptamos la realidad y vivimos con ella. Una de las más doloras realidades es la de los hijos por tener… Será el amor el que sustituya la risa infantil en nuestra casa. Seguramente mi caso no será único. Sin embargo, lo que le confiere singularidad a nuestro dolor es que la realidad a la que nos obligan a adaptarnos las provoca una injusticia colosal”.

Fernando debe salir en libertad el 27 de febrero de 2014. Tenía solo 35 años cuando fue arrestado y ya tiene 49. Pero Fernando jamás se sentido aprisionado, ni triste ni solo. Se le debe a  mucha gente, pero en especial a Rosa Aurora.

Y es que, ellos dejaron de ser solo dos para ser millones. Su historia de amor se agiganta y agrieta los muros, carcome los barrotes, ahuyenta la soledad, porque aunque su tema de amor, como dice Silvio, tiene  quebranto, sana el dolor y a ellos les ha costado tanto, que ya es un sueño y una canción.


II



“…..solía preguntarme/ cómo serías en tu espera/
si abrirías por ejemplo los brazos/para abrazar mi ausencia…..”
                                                                           Mario Benedetti




Él sabía la hora exacta en que la mujer pasaría. Casi no podía distinguirla desde el duodécimo piso donde estaba. Pero siempre se asomaba con el ánimo, no solo de volverla a ver, sino para disfrutar de los ojos, la risa y los gestos de la niñita que la acompañaba. Desde arriba, los otros prisioneros solo veían un puntito negro en los brazos de la mujer, de su mujer.

Ella era Olga Salanueva Arango y el preso que la observaba desde aquella altura en el centro de detenciones de Miami era su esposo René González Shewerert. Corría el año 1998. Acusado de espía, él permanecía entonces en el “hueco”, donde entonaba El necio de Silvio, mientras soñaba con los besos de su mujer, y las risas de sus hijas.

Olga y René se conocieron entre la arena y el mar en 1982, quizás por ese motivo su amor es tan profundo, inmenso. Pienso que esa grandiosidad del océano tiene mucho que ver con la paciencia y el optimismo de esa pareja que por más de doce años debió conformarse con la voz del otro lado de la línea, con un amor de papel, pero a prueba de distancias, injusticias y maldades.

“….después de haber pasado ambos tantas pruebas durante estos años sin dejarnos aplastar, seremos capaces también de sobreponernos a esto, de todos modos siempre hay una compensación por cada sueño no realizado, y en este caso será cuando pueda hablar directamente contigo por teléfono y oír tu voz llenándome de alegría y aliento… no te niegues un momento de alegría, una sonrisa, un juego con las niñas… Si algún día la sombra de mi situación se interpusiera para privarte de alguno de esos momentos, ¡espántala! Pues no será mi figura la que está proyectando esa sombra…”.

Primero fueron los meses interminables en el Hueco, luego la prisión de Olga, y su deportación, después el juicio y la condena de quince años de privación de libertad para René, y más tarde una separación terrible que duró más de una década, hasta su reencuentro en Cuba el pasado año, cuando Roberto, el hermano de René, agonizaba.

Creo que tantas tribulaciones embellecieron a Olga y agigantaron a René. Ella está más hermosa, él, más alegre y optimista aunque padece en la Florida una condena adicional de libertad supervisada que terminará el 7 de octubre de 2014. Son abuelos de un bebé hermoso que se llama Ignacio René. Irmita, la hija mayor, es Psicóloga, Ivett, la menor, es una excelente estudiante y llegará lejos. Estoy segura.

Quienes condenaron a René González Shewerert y pretendieron aislarlo se equivocaron. Lograron el efecto contrario. El rostro de René se diseminó por el mundo, la voz de Alguita se escuchó en decenas de países, su historia de amor se repitió en mil idiomas diferentes, porque el lazo que un día los unió se parece al mar, enorme, insondable, eterno.


III


Madre, ya no estés triste, la primavera volverá,
madre, con la palabra libertad.
 Silvio Rodríguez


Una mujer en silla de ruedas salía del edificio. En su mirada brillaba una lágrima, que ahogaba a otras muchas. En la memoria, la figura del hijo andando por la sala, lentamente, por el frío de las cadenas en los pies. La ropa gris flotaba en su cuerpo más delgado. Su cabeza alta, sus ojos anegados de versos y colores. Ni un saludo. Allí lo prohíben. Entonces, bastó cruzar una mirada y el mundo se convirtió en un abrazo.

Esa escena transcurrió el martes 13 de octubre de 2009 en la Corte Federal de Miami. La mujer era Mirta Rodríguez Pérez y el hombre encadenado, Antonio Guerrero Rodríguez, su hijo.

A la salida del colosal edificio ella volvió a mirar el Centro Federal de Detención y quiso adivinar cuál de aquellas ventanas minúsculas se confabuló con el hijo para darle luz a sus primeros poemas.

Tony estaba por cumplir los 50 años de edad y los jueces corregían el error de la cadena perpetua con un remiendo tan espantoso como 21 años y 10 meses de privación de libertad. No obstante el soldado poeta parecía vivir otro día feliz, y tengo la certeza de que su fuerza se debía, sobre todo, a la presencia de su madre.

Aquel día Mirta volvía al encuentro del hijo con sus 77 años a cuestas como si no pesaran. Una leve sombra en su rostro delataba el dolor de la nueva sentencia. Tony lo percibió y sintió deseos de abrazarla.

La nostalgia flotaba en el aire y los atrapó a los dos. Entonces, se dibujaron fugazmente en el aire los días de pastel y fiesta de cumpleaños, las visitas a la beca, los paseos de domingo, el arroz amarillo…

Pero el pesimismo tenía prohibida la entrada en sus vidas. Había una promesa mutua que cumplir: él regresaría y ella estaría para esperarlo.

"Regresaré y Regresaré y le diré a la vida/ he vuelto para ser tu confidente./  De norte a sur le entregaré a la gente/ la parte del amor en mí escondida./ Regresaré la alegría desmedida/ de quién sabe reír humildemente./ De este a oeste levantaré la frente/ con la bondad de siempre prometida./ Por donde pasó el viento, crudo y frente,/ iré a buscar las hojas del camino/ y agruparé sus sueños de tal suerte que no puedan volar en torbellino./ Cantaré mis canciones al destino/ y con mi voz haré temblar la muerte".

Antonio Guerrero Rodríguez regresará. Nadie lo duda. En este tiempo de encierro se las ingenió para volver como mariposa, ave, hormiga, ola. Tengo la certeza de que ese retorno permanente es posible gracias al cariño por su familia.

Hoy permanece en la prisión de Marianna, en los Estados Unidos donde continúa siendo el maestro artista que sobrevive entre el espanto y la ternura. Es un hombre querido por los reclusos y admirado por sus carceleros. No podía ser de otro modo, porque como bien dice Mirta: “¿Quién no ama a un poeta?”.

Allí aguardará el 18 de septiembre de 2017, que es la fecha fijada para su libertad a medias, porque, como René, también deberá padecer una sanción adicional de 5 años de libertad supervisada.

Mirta y Tony tomaron en estos años de encierro una dimensión extraordinaria. Ella sabe que es un premio haberlo parido, por eso pelea con el reloj para apurar el tiempo. Quiere estar para esperarlo y cumplirá su promesa, ese es también mi mayor deseo.


IV


Mi amor existe y nunca se peina/ ni ríe ni mira.
Es amor solamente. /  Sólo amor.
     Silvio Rodríguez

               
Una mujer junto a tres niñas de cinco, diez y catorce años espera. El aire se enrarece con las pisadas secas y el ruido de llaves y cadenas. Después, de llenar algunos formularios las cuatro son revisadas. La más pequeña, muy inquieta. Uno de los guardias la regaña. Se resiste a que le estampen ese cuñito transparente en la ropa. Ya es la hora, pero no pueden entrar todavía. El cuñito no se ve bien. Hay angustia en la cara de la mujer. Otra vez vuelven a marcar el vestido de la niña. Entonces, ella la consuela: “vamos a ver a tu papá, a tu papá”.

Ya en la sala de visitas el rostro de la mujer se ilumina. Un prisionero rubio, alto, de ojos rasgados se aproxima con una risa de oreja a oreja. La familia se reúne por primera vez después de casi cuatro años. Era un día de abril de 2002, en la prisión de Beaumont, Texas, en los Estados Unidos.

Los protagonistas de estas escenas son Elizabeth Palmeiro Casado y Ramón Labañino Salazar. Para sus carceleros él es un espía; para ella, es simplemente su amor, su esposo, su hombre, el padre de sus hijas; para Cuba, un héroe.

Aquel día Ramón hizo chistes, contó anécdotas graciosas de Ailín, Laurita y Lizbeth, evocó los días felices en Cuba, y en pocos minutos la sala semejó para las niñas un parque de diversiones. Elizabeth,  atenta, solo añadía algún que otro detalle.

Hubo un instante mágico en que se miraron hasta el alma para sellar otro pacto con el amor: protegerían a sus hijas siempre, de todo y de todos.

Entre Elizabeth y Ramón pervive un amor de esos que no se marchitan ni se mueren. Jamás él la vio embarazada, tampoco estuvo durante el nacimiento de las niñas, llevaban más de dos años sin verse cuando a él lo detuvieron y hasta hoy él cuenta más de catorce años en prisión.

Durante todo este tiempo solo el amor los ha librado de las maldades y los rencores ajenos, del olvido, la soledad, la desesperanza.

“No hay fórmula para esperar”, admite ella cuando habla de Ramón. “Es su voz la que hace andar el mundo”, repite él en cada verso, en cada conversación.

“Acabo de oír tu voz/  Y ya el mundo es diferente/ Vuelven los pájaros a volar/ Y las nubes a ser más tenues,/ El brillo del sol se sube/ Entre/ las montañas verdes/ Como el pico de la ternura/ Entre rubíes y suertes…/ Todo tiene su rumbo/ Que marcha felizmente/ Vuelve el/ mundo a andar/ Porque yo soy un hombre de suerte/ Acabo de oír tu voz/ Y ya el mundo es diferente//”.

Cuentan que Ramón ríe desde las paredes de su casa en el Vedado, donde asoma feliz en decenas de fotografías. Dicen que Lizbeth, la hija más pequeña prometió que no iba a dejarlo salir más cuando regresara y Laura y Ailín confían en la fiesta de arroz congrís y puerco asado prometida por él en cada encuentro.

Por su parte, Elizabeth convirtió la distancia en semillas y raíces. Aprendió el secreto de esperar y por eso tiene la certeza de que el 30 de octubre del 2024, fecha fijada para su libertad, está llegando. Los dos resisten con las manos tendidas, yo también se las aprieto fuerte, muy fuerte y les regalo hoy otra esperanza en versos.

Lento pero viene
El futuro se acerca
Despacio pero viene

Ya se va acercando
Nunca tiene prisa
Viene con proyectos
Y bolsas de semillas

Con ángeles maltrechos
Y fieles golondrinas


V


Hay ausencias/ que te hablan de un mañana
/ que se tornan de todos los colores/
que te ponen el mundo en la ventana/
y de esperanza llenas los balcones.
Liuba María Hevia



Era una mañana de julio de 2002. La mujer comienza a descender por la escalerilla del avión. Está nerviosa. Tres años sin verlo. Cuánto tiempo, piensa. Una vez en el aeropuerto de Houston, en los Estados Unidos, revisan sus documentos. La miran una y otra vez, hablan en voz baja. Alguien más llega. Debe esperar. La interrogan, la fotografían, manchan sus dedos de tinta. Se angustia y un desespero terrible minan su voluntad. Once horas después le dicen que no es bienvenida, que debe regresar a Cuba. En la prisión de Lompoc un hombre se queda esperándola.

Así transcurrió la estancia de Adriana Pérez O’connor la única vez que viajó a los Estados Unidos para visitar a su esposo, Gerardo Hernández Nordelo.

Aquel día ella hizo el viaje de regreso como si fuera una pesadilla interminable. Una vez en casa la incertidumbre pasó, volvió a sentir la presencia de él en la sala, en la cocina, en el jardín. Llenó la cama con sus cartas y postales y miró el sillón donde tantas veces la acunó como si fuera una niña.

Ni Adriana ni Gerardo sospecharon entonces que la espera se alargaría indefinidamente. Quienes le impiden hasta hoy reencontrarse, tampoco adivinaron que hay lazos que no se rompen como las normas, las convenciones, las leyes, o los mandamientos.

Pasan los años y jamás es invierno en la vida de esta pareja. Adriana, más hermosa, con una esperanza a prueba de odios y bombas, con el sueño intacto de los hijos que están por nacer.

“Queridos hijos: Cuando lean estas líneas habrán pasado algunos años desde que fueron escritas. Ojalá no sean muchos. En esta fecha ustedes no han nacido, y hasta su mamá tiene dudas de si algún día nacerán. Todo se debe a que estoy viviendo momentos difíciles de mi vida, lejos de mi país y de mi familia, de los que sin embargo, estoy muy orgulloso y espero que algún día ustedes también lo estén…”

 A Gerardo le queda estrecha la celda para tantos amigos, para tantos sueños, para tanto amor.

Cuba, le llaman a él en Victorville, esa prisión en medio de un desierto que colma a diario de mariposas, pepinos, cigüeñas, ejemplos. Mientras, los carceleros se asombran por la alegría inusitada de un hombre condenado a dos cadenas perpetuas más quince años de privación de libertad.

La nostalgia existe, es cierto, pero también el teléfono, el correo, los amigos, la risa, la música, la esperanza.  Gerardo y Adriana saben que el miedo es inútil y la mentira también, que los besos no se pudren ni los abrazos, ni los deseos.

Ella dice que sonríe siempre porque esa la mejor forma de esperarlo y a él tampoco se le marchita la alegría, porque sabe de un jurado de millones que un día le regalará la libertad.


*Periodista cubana, trabaja en la emisora Radio Jaruco, y una de las fundadoras del Comité “Alas de Libertad” de esa emisora por la Libertad de los 5

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