Por Irmita González Salanueva *
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Foto del último encuentro de Irmita y su bebé con el abuelo Cándido René |
Dicen los que lo conocían de antes, que solía tener un carácter muy
fuerte, pero yo realmente nunca pude dar fe de aquello.Lo recuerdo
siempre sonriente, con aquella carcajada que tanto me recordaba a mi
papá. Jamás lo llamé por teléfono y recibí un saludo entristecido o
quejumbroso, a pesar de los muchos pesares que sé guardaba en su
corazón. Nunca confundió mi voz con la de ninguno de sus otros nietos,
nos conocía bien a cada uno y a todos nos amó por igual y muchooooo.
Recuerdo el verano cuando apresaron a mi mamá, yo estaba en Cuba de
vacaciones y recibí la noticia de que ahora mis dos padres estaban
injustamente bajo rejas. El enseguida vino hacia mí, viajó desde Alamar
hasta el Cotorro en la bicicleta en la que todas las semanas se montaba
para visitar a sus hijos y nietos, me vio, me besó y en un esfuerzo por
esconder el dolor, me sonrió. Nunca se lo dije, pero sentí un alivio
inmenso, sabía que una vez más el estaría a mi lado y me sentí segura.
Cómo no estarlo, si en este mundo no había alguien más parecido a mi
papá. Nadie más ha logrado como ellos, desestimar las cosas banales y
sin importancia, para entregarle el corazón con todas sus fuerzas a todo
aquello que creen justo. Nadie como ellos, con más habilidad para
querernos y unirnos a todos en esta familia que tanto ha pasado. Nadie
como ellos, para darnos lecciones inintencionadas de nobleza y
dignidad.Un día con mi abuelo y me pasaba como me pasa cada vez que
tengo la oportunidad de estar con mi papi; era imposible no sentir la
necesidad de ser más y más humano. La diferencia era que, con mi abuelo
podía estar más tiempo que con mi papá. Ahora es mi papá quien me
recordará a mi abuelo, sin embargo eso tendrá que esperar, pues mi papá
aún no puede estar a mi lado.
Algunos lo llamaban ¨Cándido¨, otros lo llamaban ¨René¨ pero todos
los que lo conocieron lo querían. Yo lo llamaba ¨abuelo¨ y lo adoraba,
le agradezco cada momento en que estuvo a mi lado, nunca era el que más
hablaba, nunca buscó protagonismo, pero siempre estaba atento por si se
le necesitaba. Recuerdo incluso que hace poco , a pesar de no sentirse
bien de salud se reprochó no poder salir del hospital a tiempo para
presenciar la defensa de mi tesis de maestría, también alrededor de ese
tiempo le regaló a mi hijo aún por nacer, su primera pelota de beisbol y
me dijo que él lo iba enseñar a jugar.
Mi hijo nació 15 días antes de que él cayera en cama. La última vez
que lo vi consciente fue en un almuerzo que él nos preparó en su casa
para que fuéramos a verlo y poder conocer a su primer bisnieto. Por
primera vez admitió no estar en condiciones de salir de la casa. Sin
embargo dijo que en cuanto mejorara ya nos visitaría. Ese día cuando nos
marchábamos, él se había acostado un ratico y dejó dicho que lo
despertáramos. Pero no lo hicimos, sabíamos que estaba cansado, había
acabado de regresar de estar tres meses con mi papá. Con él había
celebrado sus cumpleaños, lo vi sonreír a borbotones y reaprender a
jugar ajedrez con la motivación de un niño. Había hecho un esfuerzo
increíble por aparentar la salud de un muchacho de 20 años y soy testigo
de que el estar junto a su hijo, lo ayudó a sentirse como tal.
Pero
sabíamos que debía descansar, siempre le tomaba un tiempo reponerse de
esos viajes, sabiendo que mi papá quedaba solo. Esos 14 años de
separación y la reciente muerte de mi tío Roberto habían dejado su
huella en el pecho de mi abuelo. Aun así debí haberlo despertado, aun
así debí haberlo abrazado para volver a verme reflejada en la limpieza y
viveza de sus ojitos azules. Nunca imaginé que no lo haría más, él
siempre, siempre mejoraba.
Hace tres días enterramos a mi abuelo. Hace tres días me despedí de
la persona que nunca tuvo nada suyo, porque siempre había un ser querido
a quien entregárselo todo. Hace tres días Ivette despidió al abuelito
que seguía viniendo de Alamar para llevarla al parque y tratar de
enseñarle a montar bicicleta. Hoy sus cenizas descansan junto a los
restos de mi abuelo materno, otro gran hombre con quien también
compartió muchos valores. Resistió muchos golpes, pero no lo suficiente
para ver a mi papá regresar definitivamente a Cuba.
Mas no se ha ido,
estará por siempre en nuestros corazones. Pero más importante aún,
estará su esencia siempre en cada buena acción que hagamos cada uno de
sus nietos, en cada gota de sudor y hasta de dolor que demos por esta
Revolución, en cada momento en familia… Mañana, Ignacito René llevará de
él más que su nombre y los hoyitos en el rostro, habrá hecho suyos su
amor al ser humano, su entrega al bien de todos y su sencillez. De eso
me encargaré yo.
*Irmita es la hija del Héroe antiterrorista René González, uno de Los Cinco cubanos injustamente encarcelados en EEUU
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Foto del último encuentro de Irmita y su bebé con el abuelo Cándido René |